"No podemos transformar la iglesia en una empresa que produce y que vende su producción; por el contrario, debemos marcar la diferencia y sorprender a un mundo incrédulo con lo absurdo de la gratuidad"
"...sin un predicador omite o censura alguna enseñanza que no le es propicia para sus intereses de poder, la biblia enseña que el tal no es salvo, sino que un obrero fraudulento"
En estos tiempos finales, el poderoso nombre de Dios ha sido rebajado a una muletilla religiosa e irrespetuosa que pretende ponerse como testigo de las propias fantasías que los hombres imaginan en sus mentes afiebradas y sus entenebrecidos corazones